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CARTA 2
Sobre mejores lecturas y viajes.
Según lo que me escribes, y por
lo que he oído, me cabe tener
esperanza sobre tu futuro, no
eres alguien que se preocupa
por mudarse de un lugar a otro,
porque esa agitación es señal de una pobre salud mental. Como
yo lo veo, la primera muestra de una mente equilibrada es la
capacidad para permanecer en un solo lugar y acompañarse a
sí mismo.
Sin embargo, ten cuidado en cuanto a tus lecturas de muchos
autores y de toda clase de libros, porque puede llevarte a ser
inestable y caprichoso. Es mejor que persistas con un número limitado de grandes pensadores y te alimentes de sus palabras, si
esperas que alguna de sus ideas se afiance en tu mente. Estar en
todas partes significa no estar en ninguna. Quienes viajan todo
el tiempo logran tener muchos conocidos, pero ningún amigo.
Lo mismo puede decirse de quienes no buscan cercanía con ningún autor, sino que pasan por todos con prisa y desapego.
Cuando la comida sale del estómago tan pronto como ha
entrado no le hace ningún bien al cuerpo; nada impide tanto
que sanemos como el cambio frecuente de medicinas; ninguna
herida se cierra cuando intentamos diferentes curaciones al
tiempo; una semilla que se trasplanta varias veces nunca llega
a crecer fuerte. De hecho, nada es tan útil que nos beneficie sólo
con cambiarlo. Tener muchos libros es una presión para una
persona; por eso, como no puedes leer todo lo que tienes, es
mejor tener sólo lo que puedes leer.
Me dices, entonces: «Pero quiero repasar un libro y después
otro». Las personas de estómagos delicados dan mordisquitos
a esto y a lo otro, pero cuando la variedad de comidas es mucha, no nutre, sino que indigesta. Así que lee siempre autores
que valgan la pena, y si se te antoja leer otros, regresa luego a
los primeros. Adquiere cada día un conocimiento que te fortalezca contra la pobreza, uno contra la muerte y, de hecho, otros
contra las demás desgracias. Cuando hayas revisado muchos
pensamientos, escoge uno para reflexionar a profundidad y
afianzar en tu mente. Esta es también mi costumbre, apropiar
me de un pensamiento entre los muchos que leo en un día.
El de hoy lo encontré en Epicuro —porque acostumbro pasarme por el campo enemigo, no como desertor, sino como
explorador—. Dice: «La pobreza con alegría es un estado honesto». Aunque, de hecho, si es alegre, no es pobreza, porque
pobre no es quien tiene poco, sino quien quiere más. ¿Qué
importa cuánto ha acumulado alguien en sus cajas fuertes o
en sus bodegas, cuánto tiene invertido o cuántas son sus ganan
cias, si envidia las posesiones de otros y hace cálculos, no sobre
lo que ha ganado sino sobre lo que podría ganar? ¿Preguntas
cuál es el límite apropiado para la riqueza? Esto es, primero
que todo tener lo necesario, y luego lo suficiente.
FUENTE:
Séneca, L. A. (2023). Cartas a Lucilio (M. Palacios, Adapt.). Grupo de Inversiones Suramericana S. A. (Grupo SURA). (Trabajo original escrito c. 62-65 d.C.).


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